Cuando era bastante chiquita (…)

pude intuir (…) lo que era la ficción,

cómo la ficción tenía la capacidad de mentir para decir la verdad.

LILIANA BODOC


“Siete años tenía yo cuando murió mi madre, y a partir de ahí tomé la costumbre de mentir. […]”

Un día llegué a la escuela diciendo que había estado ciega todo el día. Todo el día ciega. Y ciega había buscado el guardapolvo y ciega me lo había puesto — encima se prendían atrás— y ciega había tomado el colectivo y ciega había llegado a la escuela, hasta ese ratito atrás, no más, que me había vuelto a la vista. Les conté yo a mis compañeritas de la escuela. Mis compañeritas deben haber ido —y esto lo infiero, no tengo manera de saberlo a ciencia cierta, pero es bastante obvio lo que pasó— a contar a la señorita y la señorita me esperó cuando yo llegué. A lo mejor, estaba cansada de escucharme mentir, ¿no?, lo digo en su favor. Cuando yo entré al aula, un pequeño grupo de mis compañeritas y la maestra empezaron a cantar: «Mentirosa, mentirosa, mentirosa». Bueno, mi primer recuerdo es —y ustedes casi con seguridad me van a entender— esa lágrima que hace una cortina que, cuando una pestañea se cae, si una tiene los ojos abiertos, se queda, se queda, pero ¡bum!, una sola pestañada y la lágrima se va. Y yo chiquita como era no le pude explicar a la señorita que en realidad no estaba mintiendo del todo, que en realidad andaba un poquito en penumbras. Sí, andaba buscando algún lugar del que agarrarme, pero no tenía otra manera de hacerlo que mintiendo de una manera torpe, boba.

Era mi forma de hacer literatura. Porque la verdad es que una sigue haciendo eso. Una sigue mintiendo para decir la verdad. Y esto me parece que es otra de las grandes potencias de la palabra literaria. Hace buena la mentira. Creo que es la única mentira amable, la mentira de la literatura.”

Tengo la costumbre de mentir

Este fragmento pertenece a Liliana Bodoc, autora nacida en el interior de Argentina, la fantástica tierra que compartimos en Santa Fe.

Quiero compartirlo porque es simplemente bello. Muchas de nosotras hemos sido esa niña que mentía para decir la verdad. La literatura nos plantea esa via de escape amoral. La ficción es ese mundo fantástico que contiene otras verdades tan implícitas y personales como lectores existan.