<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xml:lang="en"><generator uri="https://jekyllrb.com/" version="4.2.2">Jekyll</generator><link href="https://naomibravi.com/feed.xml" rel="self" type="application/atom+xml" /><link href="https://naomibravi.com/" rel="alternate" type="text/html" hreflang="en" /><updated>2026-08-13T23:26:01+00:00</updated><id>https://naomibravi.com/feed.xml</id><title type="html">Naomi Bravi</title><subtitle>Artist and writer. Paintings, words, and the space between them.</subtitle><author><name>Naomi Bravi</name></author><entry><title type="html">apuntes sobre Jonas Mekas y la belleza cotidiana</title><link href="https://naomibravi.com/writing/nothing-happens-in-this-film-apuntes-sobre-jonas-mekas-y-la-belleza-cotidiana/" rel="alternate" type="text/html" title="apuntes sobre Jonas Mekas y la belleza cotidiana" /><published>2026-06-08T00:00:00+00:00</published><updated>2026-06-08T00:00:00+00:00</updated><id>https://naomibravi.com/writing/nothing-happens-in-this-film-apuntes-sobre-jonas-mekas-y-la-belleza-cotidiana</id><content type="html" xml:base="https://naomibravi.com/writing/nothing-happens-in-this-film-apuntes-sobre-jonas-mekas-y-la-belleza-cotidiana/"><![CDATA[<p>Estamos en junio de 2026, o sea, a mitad de año. No puedo evitar sentir que todo sucede muy rápido, será por eso que cada vez más seguido un mismo tema pasa por mi cabeza: explorar formas poéticas de vivir la vida, de transitar los días. A menudo me sirve inspirarme en biografías, por eso hoy tengo ganas de escribir sobre Jonas Mekas.</p>

<p><strong>Jonas Mekas</strong> (1922-2019) <strong><em>Fue hijo de una familia de campesinos lituanos, estudiante de filosofía</em></strong>, pero la Segunda Guerra Mundial partió su vida a la mitad. Cuando era joven, luego de haber transcurrido años en Campos de Desplazados, llegó a New York, -ciudad en la que me encuentro ahora yo también- y allí hecho raíces. Hoy en día es conocido por su labor dentro del campo del cine como director, crítico y restaurador. Por alguna razón, que trataré de desarrollar mas adelante, a lo largo de su vida siempre se definió a si mismo simplemente como: <strong><em>un poeta.</em></strong></p>

<p><img src="/img/writing/nothing-happens-in-this-film-apuntes-sobre-jonas-mekas-y-la-belleza-cotidiana-1.png" alt="Nothing happens in this film apuntes sobre Jonas Mekas y la belleza cotidiana" /></p>

<p>La vida de Mekas podría haber sido la vida de cualquier otro inmigrante pobre que no hablaba inglés, sin embargo, al pisar tierras estadounidenses se comunicó con el lenguaje universal del cine y empezó a registrar su día a día en películas sin voz con su cámara <em>Bolex</em> de 16 mm.</p>

<p>Esta práctica diaria fue afinando su ojo para registrar lo que él mismo llamo <strong><em>“Destellos de Belleza”.</em></strong> El registro visual de Mekas iba llenando de sentido su poesía. En medio de esa vida trágica y melancólica propia de un desterrado, nos regala una extensa obra llena de luz y esperanza. Ese proceso de transformación es lo que me llama precisamente la atención, además de otra característica de su estilo: la lentitud.</p>

<p>En sus películas no sucede nada. Podemos ver fragmentos de la vida cotidiana como la lluvia que cae desde una galería, un perro, una silla que se mece. Mekas tiene la capacidad de compartir ese espacio preciso y personal en donde imagen y narración se unen y el espectador siente que esos recuerdos cobran vida en el interior, es decir, se vuelven una realidad emocional.</p>

<p><strong>«Dicen que mis imágenes son mis recuerdos. ¡No, no, no! Cada imagen, cada detalle, todo es real. Los recuerdos se han ido, pero las imágenes siguen aquí. Y son reales.»</strong></p>

<p>— Jonas Mekas</p>

<p>Pensando en esta “necesidad” que él sentía de registrar la cotidianeidad para “capturarla” y hacerla una realidad emocional, es inevitable preguntarme, Mekas, hoy en dia ¿habría sido Instagramer?. Esta pregunta me divierte. El registro de Meka nacía de la sensibilidad y creaba un lenguaje. Nuestro uso, muy a menudo, compulsivo de las instagram stories nace de una necesidad legítima - mostrarnos ante los demás - y crea, paradójicamente, otra necesidad un poco menos noble: tener algo para mostrar.</p>

<p><strong><em>Sin embargo, al fin del día, todos queremos, al igual que Meka, capturar la belleza, perseguirla, retratarla, subirla a una historia.</em></strong> De nuevo creo que eso es legítimo y profundamente humano. No obstante, mientras estemos en la búsqueda de mostrar y demostrar, será complicado registrar Destellos de Belleza, entendiendolo desde la óptica de este poeta.</p>

<p>La Belleza para Meka es una contradicción en sí: el bello e hiriente destierro, la melancolía de empezar de cero, la amarga experiencia de envejecer. La idea de belleza se construye actualmente, mainstremizada en las redes se siente cerrada, compacta, sin fallas a la vista. De manera que, a medida que podamos romper esta lógica encontrando belleza alternativa, podremos construir el registro desde otra óptica.</p>

<p>“Al mirar atrás, comprendo que mi vida ha estado dominada por una atracción hacia las personas extremas y desbalanceadas”, dice, finalmente, en el documental sobre su vida “THIS SIDE OF PARADISE” (1999).</p>

<p>Me sucede algo muy parecido, me gustan las personas que crean en los bordes, en la periferia, aquellos por los que nadie apostaría un dolar y finalmente terminan siendo quienes se adueñan de un lugar negado. Todo eso, es belleza, no cabe en una historia ni en este posteo, pero es mi trabajo diario afinar el ojo para no perder de vista estas historias de inspiración.</p>

<p>Recomendado:</p>

<h4 id="as-i-was-moving-ahead-occasionally-i-saw-brief-glimpses-of-beauty-2000--mubi">As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2000) | MUBI</h4>

<p><img src="/img/writing/nothing-happens-in-this-film-apuntes-sobre-jonas-mekas-y-la-belleza-cotidiana-2.jpeg" alt="As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2000) MUBI" /></p>]]></content><author><name>Naomi Bravi</name></author><category term="writing" /><summary type="html"><![CDATA[Explorando e inspirando formas poéticas de transitar la existencia.]]></summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" /><media:content medium="image" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry><title type="html">El vuelo</title><link href="https://naomibravi.com/writing/el-vuelo/" rel="alternate" type="text/html" title="El vuelo" /><published>2026-05-12T00:00:00+00:00</published><updated>2026-05-12T00:00:00+00:00</updated><id>https://naomibravi.com/writing/el-vuelo</id><content type="html" xml:base="https://naomibravi.com/writing/el-vuelo/"><![CDATA[<p>No existe una sola palabra
que hayamos aprendido
que se salve de ser una promesa.</p>

<p>Por eso las repetimos
incansablemente,
frente a un espejo
que es un otro.</p>

<p>Y al comenzar a leerlas
entre líneas,
callamos avergonzados
entre silencios que ascienden
y se clavan en la espalda
como piedras puntiagudas
de un arroyo.</p>

<p>Cada poesía duele más
en aquello que calla
que en aquello que nombra.</p>

<p>O tal vez sean sus alas,
detenidas a la hora de un reloj
que coincide, estoicamente,
con su postura.</p>

<p>Y dejan su dibujo tatuado
sobre un papel muy fino
que desprende, inagotable,
un atroz aroma a corazón.</p>

<p><img src="/img/writing/el-vuelo-1.jpeg" alt="El vuelo" /></p>

<p>Torino, 12 de mayo de 2026.</p>]]></content><author><name>Naomi Bravi</name></author><category term="writing" /><summary type="html"><![CDATA[Poesía]]></summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" /><media:content medium="image" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry><title type="html">La memoria de las estaciones</title><link href="https://naomibravi.com/writing/la-memoria-de-las-estaciones/" rel="alternate" type="text/html" title="La memoria de las estaciones" /><published>2026-03-23T00:00:00+00:00</published><updated>2026-03-23T00:00:00+00:00</updated><id>https://naomibravi.com/writing/la-memoria-de-las-estaciones</id><content type="html" xml:base="https://naomibravi.com/writing/la-memoria-de-las-estaciones/"><![CDATA[<p>II.</p>

<p>Hace tanto tiempo que me fui
que ya no sé por qué se caen
las hojas de los árboles.</p>

<p>Hace tanto tiempo que me fui
que ya no sé por qué se caen
las lágrimas de los hombres.</p>

<p>¿Seguirá siendo por la misma razón?
¿Porque las arrancan vientos violentos
o porque cambia de estación el corazón?</p>

<p>Hace tanto tiempo que no estoy
que ya no sé si las ausencias
se llenan o se vuelven costumbre.</p>

<p><em>GNB</em></p>

<p><img src="/img/writing/la-memoria-de-las-estaciones-1.jpeg" alt="La memoria de las estaciones" /></p>]]></content><author><name>Naomi Bravi</name></author><category term="writing" /><summary type="html"><![CDATA[Poesía]]></summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" /><media:content medium="image" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry><title type="html">Tengo la costumbre de mentir</title><link href="https://naomibravi.com/writing/tengo-la-costumbre-de-mentir/" rel="alternate" type="text/html" title="Tengo la costumbre de mentir" /><published>2025-05-24T00:00:00+00:00</published><updated>2025-05-24T00:00:00+00:00</updated><id>https://naomibravi.com/writing/tengo-la-costumbre-de-mentir</id><content type="html" xml:base="https://naomibravi.com/writing/tengo-la-costumbre-de-mentir/"><![CDATA[<p><em>Cuando era bastante chiquita (…)</em></p>

<p><em>pude intuir (…) lo que era la ficción,</em></p>

<p><em>cómo la ficción tenía la capacidad de mentir para decir la verdad.</em></p>

<p><strong><em>LILIANA BODOC</em></strong></p>

<hr />

<h4 id="siete-años-tenía-yo-cuando-murió-mi-madre-y-a-partir-de-ahí-tomé-la-costumbre-de-mentir-">“Siete años tenía yo cuando murió mi madre, y a partir de ahí tomé la costumbre de mentir. […]”</h4>

<p>Un día llegué a la escuela diciendo que había estado ciega todo el día. Todo el día ciega. Y ciega había buscado el guardapolvo y ciega me lo había puesto — encima se prendían atrás— y ciega había tomado el colectivo y ciega había llegado a la escuela, hasta ese ratito atrás, no más, que me había vuelto a la vista. Les conté yo a mis compañeritas de la escuela. Mis compañeritas deben haber ido —y esto lo infiero, no tengo manera de saberlo a ciencia cierta, pero es bastante obvio lo que pasó— a contar a la señorita y la señorita me esperó cuando yo llegué. A lo mejor, estaba cansada de escucharme mentir, ¿no?, lo digo en su favor. Cuando yo entré al aula, un pequeño grupo de mis compañeritas y la maestra empezaron a cantar<em>: «Mentirosa, mentirosa, mentirosa».</em> Bueno, mi primer recuerdo es —y ustedes casi con seguridad me van a entender— esa lágrima que hace una cortina que, cuando una pestañea se cae, si una tiene los ojos abiertos, se queda, se queda, pero ¡bum!, una sola pestañada y la lágrima se va. <strong>Y yo chiquita como era no le pude explicar a la señorita que en realidad no estaba mintiendo del todo, que en realidad andaba un poquito en penumbras.</strong> Sí, andaba buscando algún lugar del que agarrarme, pero no tenía otra manera de hacerlo que mintiendo de una manera torpe, boba.</p>

<p><strong>Era mi forma de hacer literatura.</strong> Porque la verdad es que una sigue haciendo eso. <strong>Una sigue mintiendo para decir la verdad.</strong> Y esto me parece que es otra de las grandes potencias de la palabra literaria. Hace buena la mentira. Creo que es la única mentira amable, la mentira de la literatura.”</p>

<p><img src="/img/writing/tengo-la-costumbre-de-mentir-1.jpeg" alt="Tengo la costumbre de mentir" /></p>

<p><em>Este fragmento pertenece a Liliana Bodoc, autora nacida en el interior de Argentina, <strong>la fantástica tierra que compartimos en Santa Fe.</strong></em></p>

<p><em>Quiero compartirlo porque es simplemente bello. Muchas de nosotras hemos sido esa niña que mentía para decir la verdad. La literatura nos plantea esa via de escape amoral. La ficción es ese mundo fantástico que contiene otras verdades tan implícitas y personales como lectores existan.</em></p>]]></content><author><name>Naomi Bravi</name></author><category term="writing" /><summary type="html"><![CDATA[Apuntes sobre la ficción por Liliana Bodoc]]></summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" /><media:content medium="image" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry><entry><title type="html">Una guerra a todo lo medible</title><link href="https://naomibravi.com/writing/una-guerra-a-todo-lo-medible/" rel="alternate" type="text/html" title="Una guerra a todo lo medible" /><published>2025-04-03T00:00:00+00:00</published><updated>2025-04-03T00:00:00+00:00</updated><id>https://naomibravi.com/writing/una-guerra-a-todo-lo-medible</id><content type="html" xml:base="https://naomibravi.com/writing/una-guerra-a-todo-lo-medible/"><![CDATA[<p>Hace unos días leí un artículo de Leila Guerriero que declaraba la guerra a todo lo medible. Y me sumé en silencio a esa causa, pensando en cómo dar batalla.</p>

<p>Leila habla del running, de sus piernas avanzando sin metas, sin GPS, sin inscribirse en una maratón o tener un grupo que la incentive. Dice que la gente le pregunta siempre lo mismo: —¿Por qué corrés?, ¿cuántas veces por semana?, ¿cuántos kilómetros?, ¿en cuánto tiempo?, ¿cuánto mejoraste?— Y ella responde, o más bien declara, como si fuera una proclamación —: <em><a href="https://elpais.com/opinion/2024-11-09/la-contabilidad.html">“Corro porque cuando empiezo a correr no sé qué va a pasar, hacia dónde van a ir mis pensamientos y, en ocasiones, mis piernas. Corro, de hecho, para dejarme llevar.”</a>—</em></p>

<p>Claro, no esperaba que Leila forme parte de ninguna secta del running, pero su respuesta me impactó.</p>

<p>Yo no corro —literalmente—, pero entiendo perfectamente de qué habla. Todos hemos conocido, en algún rincón remoto de la memoria, <strong>ese estado en el que las horas se disuelven como sal en agua tibia.</strong> En mi caso era cuando pintaba con óleos. Bocetaba. Mezclaba colores que casi siempre terminaban en un marrón terroso. Y me daba igual. No buscaba llegar a ninguna parte. Estaba probando por probar, en esas horas largas de la infancia que luego raramente volvemos a tener en la vida adulta.</p>

<p>Si soy sincera, aunque lo intente con ganas, admito que no puedo sentarme a pintar sin preguntarme cuánto falta para que “me salga bien”. La técnica, la expectativa, la mirada entrenada que juzga. El ojo que mide. Ya no me pierdo: me observo. Me corrijo. Y, en ese proceso, algo se endurece.</p>

<p>Entonces, como acto de rebeldía mínima —un gesto doméstico de insurrección— decidí empezar este blog. Sin saber a dónde va. Sin saber si durará tres entradas o treinta. <strong>No tengo un objetivo, y eso me hace sentir algo parecido a la libertad.</strong></p>

<p><strong>Sería ingenuo pensar que podemos abandonar las métricas de un día para el otro.</strong> Vivimos —hola, capitalismo tardío o como quieras llamarle— en una maquinaria que premia la eficiencia, la proyección, el rendimiento. Eso no es noticia. Por eso, me conformo con <strong>pequeñas fugas.</strong> Minúsculas batallas ganadas.</p>

<p>Hoy voy a hablar de una, que se sucedió el otro día mientras mi amiga L. me contaba otra de sus andanzas dentro de la selva salvaje que es Tinder. Esta pequeña fuga tiene que ver con <strong>evitar preguntarle a la vida preguntas cerradas.</strong></p>

<p><img src="/img/writing/una-guerra-a-todo-lo-medible-1.jpeg" alt="Una guerra a todo lo medible" /></p>

<p>Sin entrar en detalles que aquí no importan, L. termina cada raconto siempre con la misma frase: <em>“Él es un rotundo no”.</em> O peor: <em>“No le gusté para nada, se nota.”</em> Una tarde, le propuse una pregunta distinta: <em>“¿Pero en vez si te gustó o no, me decís cuánto te gustó? ¿Qué parte?”</em> Y la conversación se abrió como una flor que nadie había regado en meses, con nuevos pétalos en lugar de la margarita deshojada del me quiere - no me quiere.</p>

<p>Ya no hablábamos de volver a verle o no. Hablábamos de matices, de ambivalencias, de pequeñas cosas que valían la pena aunque el encuentro no fuese “el correcto”. Una cita puede no ser “buena”, y aún así dejarte efectos increíbles como estar riéndote a las tres de la mañana, compartiendo análisis dignos de una tesis con mejor amiga. Y yo tengo la teoría de que la risa es curativa. Eso también cuenta, aunque no se mida en lo que va a pasar después.</p>

<p>Cambiar el <em>qué</em> por el <em>cuánto</em> altera el mapa. No es lo mismo preguntar <em>¿tiene sentido esto?</em> que <em>¿cuánto sentido tiene esto?</em></p>

<p>El cuánto admite grises. Tolera el error, lo a medio hacer, lo fallido. <strong>Nos deja mirar películas sin ver antes las reviews, ir a lugares no-instagrameables, escuchar a alguien solo por curiosidad.</strong> Jugar. <strong>Ir viendo qué sale y saber aceptar que a veces no sale</strong> y eso también es una posibilidad, no necesariamente negativa.</p>

<p><img src="/img/writing/una-guerra-a-todo-lo-medible-2.jpeg" alt="Una guerra a todo lo medible" /></p>

<p>.</p>]]></content><author><name>Naomi Bravi</name></author><category term="writing" /><summary type="html"><![CDATA[My cards are shit but i'll play them anyway]]></summary><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" /><media:content medium="image" url="https://naomibravi.com/img/paint/art-31.jpg" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" /></entry></feed>